"Tuve una conexión directa con la música"

Agustín Bucich todavía está shockeado con la muerte del productor George Martin, mejor conocido como el quinto Beatle y el hacedor de discos fundamentales como Sgt Pepper’s Lonely Hearts Club Band. En su departamento, que comparte junto a la cantautora María Pien, la iconografía beatle está por todas partes. “Me la paso escuchando sus vinilos”, confiesa el músico, compositor y cantante. Ese espíritu beatle y psicodélico de los setenta se impregna también en el sonido de su banda Levare, última ganadora de la Bienal de Arte Joven, que capitanea artísticamente junto a su amigo de la adolescencia Joaquín Escriña. Juntos compartieron muchas aventuras y nunca se apartaron del camino de la música, como le pasa a otros chicos de la secundaria que empiezan armando una banda para después transformarse en empleados en una oficina.

La familia tuvo mucho que ver en el destino de Agustín. “No había músicos pero había una conexión fuerte con la música. Mi vieja tocaba la guitarra y cantaba mucho. Mi viejo era de escuchar mucha música como el rock progresivo de los setenta -Génesis, Peter Gabriel, Yes- y Los Beatles. Mi tía siempre fue fanática de Charly García. Mi abuelo me llevaba a ver jazz. Tuve una conexión con la música directa”. En ese rescate emocional se puede rastrear el pulso que sobrevuela el espíritu de Levare, una banda de rock, influenciada por toda esa memoria emotiva de la infancia de Agustín, compositor de las canciones del grupo.

Inconscientemente todo ese ambiente y esa atmósfera musical que respiró de chico lo empujó a querer tocar un instrumento. El hermano mayor tenía un teclado que usaba en contadas ocasiones.  Agustín jugaba con los efectos de batería. El abuelo perceptivo, armó una vaquita entre toda la familia para comprarle su primer batería a los diez años. Eso lo animó, después de un tiempo de practicar instintivamente en soledad, a formar su primera banda  junto a su amigo de la infancia Joaquín. Los dos iban al colegio primario en Don Torcuato. “Teníamos once años y nos juntábamos a tocar en un garage en los tiempos libres.  Yo estaba empezando a tocar la batería y Joaquín la guitarra. Desde ahí ya tocamos juntos hasta ahora en diferentes proyectos. Cuando salió de la secundaria se anotó directamente en la Universidad Maimónedes para estudiar composición musical. Venía del punk. Después enganchó con la frecuencia Beatle y armó otra banda llamada Vigo. En la universidad descubrió un mundo nuevo. Dejaría la batería y aparecerían las canciones en la guitarra acústica de Antigua Casa Núñez que usaba su madre, tras un periódo de introspección personal y desorientación emocional. Ese núcleo de canciones formarían la estructura musical a futuro de su actual proyecto Levare, la banda que sorprendió al jurado de la Bienal con su presencia escénica y un pulso rockero con citas a la estética psicodélica de los setenta, coros Beatles y el progresivo internacional y nacional de bandas como King Crimson o Color Humano. “Después de muchas experiencias siento que Levare es la primera banda que tiene una identidad clara desde la composición, las canciones y el sonido. Surgió a partir de un conjunto de canciones que tenía armadas y que grabé en mi casa. Siempre quise tener un estudio tranquilo donde grabar mis cosas. De chico usaba el Windows 98 que venía con una grabadora de sonidos. Siempre me gustó grabar la música en la computadora”.

Tenía un padrino, ingeniero electrónico, que se dedicaba a la computación y Agustín se volvió un nerd de las placas de audio y la manera de grabar caseramente para poder hacer sus propias maquetas. Ahora la mitad de su living está tomado por el estudio de grabación. Nudos, el primer disco de Levare, fue grabado así, de forma artesanal, en una sala de ensayo de Mataderos. Para su último disco Chico Max, producido a partir del premio de la Bienal, volvieron a grabar buena parte de ese material en la sala de ensayo, en su casa y en otro estudio de grabación, donde completaron las sesiones en vivo y la mezcla. La producción artística fue compartida con el rosarino Carlos Vandera, el tutor musical durante la Bienal. “Nos gustó sobre todo el trato humano y su visión de la música. El sonido de este disco es más pop y más rockero, con canciones más directas”, adelanta Agustín, sobre Chico Max, el álbum sucesor de Nudos de 2014.

¿Cuándo pensaste que la música iba en serio?

No sé bien cuál fue el momento. Al principio nos encantaba tocar con nuestros grupos junto a Joaquín. Nos era fácil al principio porque empezamos a encontrar lugares para tocar. Pero no teníamos edad ni condición de tomar la responsabilidad de armar un proyecto. Teníamos 16 años. Laburábamos mucho la música, pensábamos los arreglos, pero no hacíamos lo otro porque no sabíamos cómo hacerlo. Estábamos perdidos. Fue fundamental para mí empezar una carrera universitaria. No hablo de lo formal. Pero si conocí un montón de gente. Eso te abre la cabeza porque conocés a un montón de personas que están en lo mismo que vos. Todos son músicos y reflexionan sobre lo que hacer con la música. Ahí empezó la vida de músico. Ahí pensás: “sino lo hago yo no lo hace nadie por mí”. Fue abrirse al mundo más independiente y salir de la burbuja en la que uno vive más de chico. Eso me empujó a salir a buscar la escena”.

Después de cursar más de tres años en la universidad, rompió con las formas académicas y salieron las primeras canciones. Era 2011. “Es verdad que el mundo académico me encantaba y estaba buenísimo estar en contacto con instrumentos de orquesta y escuchar mucha música que no había escuchado como Ravel, Bartok, Stravinsky, Mozart, Beethoven. Fue increíble. Hay herramientas de esa música que sigo usando hoy en día, pero quería salir de esa estructura. Salir de eso significó toda una explosión de música que estaba guardada. Al fin y al cabo me gusta el rocanrol y las canciones”.

No fue todo tan fácil. Agustín cayó en una depresión. “De no encontrar que hacer, una cuestión existencial”. Un día todo se iluminó. “Las canciones me ayudaron a salir de ese bajón. Quería salir de mi casa”. Con Levare, como su proyecto caballito de batalla, Agustín empezó a conectar a otras bandas como Ciruelo, la cantante solista Marilina Bertoldi (Connor Questa) y Eruca Sativa. “Esa fue la primera escena del rock que conocí. Pero nunca me gustó el mundo elitista de lugares como The Roxy. Eso me hizo terminar en un lugar como Ladran Sancho, que me encantó y donde se curtían bandas indies como Chaucoco. Me fanaticé mal con ellos y con la gente de Elefante en la habitación, el sello colectivo del que ahora formo parte. Es una escena donde la búsqueda de la canción aparece con distintos colores”.

Así se le empezaron a abrir las puertas de toda la escena indie. Lugares como Ladran Sancho y Vuela el Pez, espacios que tenían más que ver con el espíritu de Levare, se transformaron en su segundo hogar. “Eran lugares donde la gente se copaba y escuchaba. Fue un flash la primera vez que ví a El Gnomo en Ladran Sancho. Me voló la cabeza. Así llegué a Chaucoco, María Pién y toda la gente de Elefante en la habitación. Conocí todo eso y fue natural desembocar ahí, en lugares donde al artista lo tratan mejor”.

Por primera vez, en su vida musical, Agustín se sentía como en casa. “Para nosotros el más importante de todos esos lugares independientes fue Vuela el Pez. Yo iba seguido a ver el ciclo Domingo animal que estaba curado por la gente de Elefante en la habitación, con bandas y  con ilustradores en vivo. También recorrí una bocha de todos esos lugares que acompañaron este resurgimiento artístico generacional y que ronda alrededor de los sellos independientes, y los centros culturales autogestionados. Es un ambiente en el que nos sentimos todos hermanados y son refugio de nuestra escena”.

 

Bonus track

 

ADN musical. El momento en el que yo traté de dejar de copiar algo fue cuando me empecé a dar cuenta que eso era lo que tenía que salir a mostrar. Me salió así y no me trataba de parecer a McCartney, Peter Gabriel o Charly García. Fue como que salió solo. Después escuchando mis canciones se nota la influencia beatle, porque son mi religión. Están por todos lados. En la cocina, en el living, en los vinilos. Creo que también escuchó jazz en el último disco de Levare. Escucho en el último disco cosas de Charly. Pero todas esas cosas las escuchó después, cuando la canción ya está hecha.

 

En mis auriculares. Me encanta descubrir cosas nuevas. De hecho estoy escuchando todas cosas más nuevas como MacDiMarco y Dirty Projectors. Me encanta Ariel Pink. También hace poco descubrí a Animal Collective, que no lo había escuchado nunca y a King Gizzard & The Lizard Wizard’s. Los Beatles siempre. Son los que inventaron todo.

 

Nuevo disco. El sonido del disco anterior Nudos, tenía letras más voladoras y una poesía más espacial. En este disco es más urbano y salió de un primer tema llamado “Chico Max”, donde estaba escuchando a full a Fela Kuti y al mismo tiempo reggae de Bob Marley. Hice como una asociación de cómo en esa época los afros de diferentes partes del mundo estaban conectados, a través del reggae, el soul y el afrobeat. También escuché La Máquina de Hacer Pájaros que tenía referencias afro rioplatenses. Fue como un flash. A la vez me gusta el rock de guitarras altas y ahí encontré la estética. Es una cosa más urbana y pop. Letras más directas y de ciudad.

 

Buenos Aires. A pesar que fui criado en Don Torcuato siempre me gustó la ciudad. Tuve mi lado muy porteño por mi abuelo. Se conocía todas las pizzerías de memoria. Conocía esquinas particulares. Viene por ahí mi conexión con la ciudad. Pero justamente cuando empecé a conocer mis propios lugares me enamoré de la ciudad. Es como que me la apropié. Cuando tuve la posibilidad de viajar y conocer otras ciudades del mundo más me enamoré. Porque hay gente que tiene esa cabeza que se va y dice: “cuando volví acá me quería matar”. A mí, no me pasa eso.

 

Circuitos: En este momento estoy necesitando encontrar otros lugares con un aire nuevo. Pero toda esa cuestión de los espacios culturales que se generaron en los últimos años (antes no había mucho de eso) fue como una explosión muy grande a partir de Vuela el Pez o el Matienzo, que generaron un entorno artístico de mucha gente joven como queriendo ver otras cosas artísticas. Incluso hubo una explosión artística de la mujer. Como que hay un montón. Eso me parece buenísimo. Durante estos años circulamos por muchos lugares, desde un lugar bien militante como el Centro Cultural Teresa Israel, donde se hicieron festivales copados a La gran Jaime es otro lugar. También había otro lugar muy bueno llamado Támesis, donde se hacían fiestas en una casa de Almagro. Ibamos seguido pero ya no existe más. Es una cualidad de estos lugares independientes. Aparecen y desaparecen todo el tiempo.

 

Bienal. En la Bienal me pasó que había muchos amigos que eran de la misma escena y también me di cuenta que lo que nos une es la manera de hacer las cosas. Me hizo dar cuenta que hay un montón de escenas y para otros tipos de públicos. Eso me pareció buenísimo. La curadoría, lo que se seleccionó, eran proyectos comprometidos y bien armados con una estética y una personalidad particular. Ya conocía a Lula Piveta, María Pien, Chaucoco, Facundo Galli, Fran Saglietti, Tototomás, y me encantó ver que estuvieran todos ellos juntos en ese lugar. Había cosas ni siquiera con un disco y otros en un lugar un poco más instalados. Cada uno hace su camino y no tiene que hacer lo mismo que el otro y cada flash es muy particular. Lo que uno ve es que las escenas funcionan por un determinado tiempo. Por ahora estamos todos juntos. Y creo que va a seguir así, a mi me gustaría que sea así, la hermandad musical tiene que seguir existiendo, fuera de los egos y esas cosas.          

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