“Somos hijos del centro cultural”

Tomás Casado, el cantante de Tototomás, emergente de la nueva generación de bandas ilustres de La Plata, habla de su nuevo disco Bochorno, producido por la Bienal de Arte Joven y la expansión del grupo que los llevará al festival Vive Latino en México.

Tomás Casado tiene el perfil de un estudiante universitario. Estudió sociología hasta que el adolescente punk que lo habitaba internamente pegó su grito de rebeldía y entonces Tomás dio un volantazo a su vida, se colgó una guitarra acústica y empezó a cantar en centro culturales de La Plata. Nada pudo detener ese torrente musical. “Empecé a escribir canciones desde los 16 años y cuando finalicé el secundario nos juntábamos a tocar con unos amigos en una banda punk. No salíamos a tocar sino que era un entretenimiento pero cuando termine el profesorado de sociología y empece a laburar se me disparó la idea de dedicarme a la música. Era salir del trabajo y ponerme a tocar la guitarra y escribir canciones. Inconscientemente ya quería plasmar eso en un disco y experimentar con eso. Se trataba de una liberación de todo lo que quería decir”

Era él contra el mundo solo con su guitarra y su voz. El adolescente tímido, que seguía a grupos hardcore y punks de la escena platense, empezaba a transformarse en un canal experimental, lúdico y colectivo, frente a un grupo de desconocidos que cada vez serían más. “En el 2009 me lancé a tocar con la guitarra criolla que era el instrumento con el que siempre hice canciones. Tocaba en centros culturales en el contexto post Cromañon y lugares como Pura Vida que era un espacio que le daba lugar a todas las bandas que recién empezaban. Había muchos espacios, casas abiertas, que eran para tocar de forma acústica y descubrí un fenómeno nuevo de la casa cultural que proponía otro tipo de encuentro y vínculo social con la gente. Ya no era esa barrera entre el público y el artista. El escenario se desdibuja y el que va, también canta”. 

El folklore latinoamericano que se escuchaba en su casa de la infancia, el punk que lo empujó a cantar en un escenario y los compilados de música brasileña que escuchó sin parar, fueron una base sobre la que Tomás encontró un camino propio, sólido, original y sin atajos. ”Estaba muy influenciado en ese momento por un compilado de música brasileña que tenía desde sambas de carnaval hasta temas de Dorival Caymmi. También empezó a salir todo el folklore que escuchaba de chiquito y a todo eso se sumaba un contexto nacional y latinoamericano de mucha efervescencia de la identidad latina. Todas esas cosas te determinan y te condicionan bastante. Pero el primer impulso de mi música surge de algo fresco. Largo todo lo que tengo que decir en el momento. En ese momento, era como un punk tocando la criolla”, cuenta uno de los cantautores y fundadores del proyecto Tototomás.

El músico, cantante y compositor, recuerda todo ese período en su vida con felicidad y una intensidad que le gustaría volver a recrear cada vez que se sube a un escenario con su banda, una de las ganadoras de la última Bienal Arte Joven en el rubro música y elegida entre más de quinientos postulantes. El nombre del grupo surgió de un simple juego de palabras que denominaba su antiguo correo electrónico. Tomás le dio vida, casi con ese mismo tono inconsciente con el que salieron sus primeras canciones, a una de las bandas  más originales del circuito musical de La Plata, con una identidad diferente al resto del sonido encarnado por toda una nueva generación de grupos.

“Al principio costo insertarse. De a poco se fue generando algo y empezamos a compartir la música con otros. Me iban a escuchar amigos de amigos y ahí fuimos armando la banda con unas amigas de Mar del Plata que vivían por el barrio. Subía las canciones a soundcloud y ellas las escuchaban. Después se sumo el Oveja un amigo de un amigo, dos chicos que nos iban a ver siempre, uno percusionista y otro que tocaba el banjo. Tototomás fue el resultado de un momento, a mediados del 2011, de una época que puede ser pasajera o que puede seguir por mucho tiempo. Lo que nos une a todos es la música”.

Por la banda fueron pasando todo tipo de instrumentos. Empezaron con un trío de voces femeninas y dos guitarras. Hoy Tototomás esta formado por seis músicos, donde todos cantan y tocan ritmos con un frenesí que a veces despierta la fiesta o tiene la actitud directa del punk. “Ese contexto lo dieron los centros culturales porque nos permitió desandar el formato clásico del rock. Los espacios de los centros culturales te conectaban con la voz, con hacer arreglos de voces, con experimentar en el momento y con la aparición de un banjo o el acordeón, porque daba para jugar con otros instrumentos que no eran clásicos en el rock”.

Con ese formato acústico grabaron su primer EP en 2012. Meses después, conocieron al talentoso Juanito el Cantor que apadrinó su segundo EP y los invitó a grabar en su estudio el  primer disco de Tototomás. Con el debutante Jau jau (2014), producido por Juanito el Cantor, la banda tuvo una excelente carta de presentación con una seguidilla de canciones melancólicamente alegres, espíritu folklórico, voces lúdicas como el una ronda de niños cantando en la escuela, breveda punk, experimentos onomatopéyicos y melodías pegadizas que rápidamente te quedan dando vueltas en la cabeza.  

“Ese disco fue el resultado de tocar un montón todos los dos años anteriores y el toque tenía que ver con el compromiso de tener una banda y una búsqueda constante de cosas, hacíamos arreglos nuevos, improvisábamos y eso estaba buenísimo. Fue un proceso con gente que fue entrando y saliendo de la banda según su compromiso, pero también con esa cosa abierta que tenía la banda. Alguien se acercaba con un instrumento y enseguida le hacíamos un arreglo para que tocara con nosotros. El espacio daba para eso, era todo más desestructurado. En ese juego y acelere fueron saliendo las canciones para ese primer disco”.

Tomás Casado, revive el rápido proceso de crecimiento del grupo con cierto vértigo: de pasar a tocar en lugares como C'est La Vie en La Plata a estar preparándose para formar parte de la grilla del Vive Latino. En el recorrido intermedio ganaron el premio de la Bienal de Arte Joven para grabar su segundo disco bautizado Bochorno, sin perder ese sentimiento colectivo y de hermandad musical. “Siempre fuimos un proyecto colectivo y con mucha energía. Nosotros somos los hijos del centro cultural. Pero igual no somos los hijos más aceptados porque éramos un descontrol. En un centro cultural seis chicos gritando no era lo más adecuado, porque no éramos el tipo de sonido donde la gente va, se toma una birrita y escucha al cantautor. Eso lo tengo claro. Pero nos fuimos ganando nuestro lugar en la escena de la Plata con un sonido propio y homogéneo que nos representaba. Yo escuchó nuestro primer disco y veo esa transición de la banda entre lo acústico y lo eléctrico, que representaba un momento cultural del circuito de la ciudad y muestra otra faceta de lo que se producía en La Plata”, relata.

Tomás no se obnubila con el presente de reconocimiento a la banda y casi como quien quiere atrapar el espíritu del por qué empezó en esto dispara una imagen del pasado. “Uno cuando va pasando el tiempo quiere que todo suene más hi fi pero creo que el primer EP, que fue lo primero que grabamos como grupo tiene algo que está buenísimo y que es algo muy esencial a mí y mucho más despojado. Yo escucho esas canciones como Agua de mar, Encantador, Fugaz, Pensamiento único, Nada de esto pasó, y me llevan a un lugar y a una época de frescura”.

Ese sentimiento de banda de garage está en Tototomás: el sonido sucio, lo primitivo, el despojo, la frescura, la melodía en primer plano para cantar en una fogata o al final de una fiesta. Tomas quería que ese espíritu estuviera presente en “Bochorno”, su nueva producción grabada en una quinta, como parte de un largo proceso experimental. “Buscar la frescura es que algo quede librado al azar y no tener todo controlado. Después del primer disco nos queríamos juntarnos a improvisar, que era algo que hacíamos cuando empezamos. Cuando tocábamos en los centros culturales estaba esa libertad de tocar los temas pero de otra manera y cambiarlos en el momento. Podíamos equivocarnos, pero estaba buenísimo. Desafiábamos esa idea de dar un show correcto. La búsqueda es en pos de hacer algo bello que es hacer canciones y melodías pero de otra manera. Así que el proyecto Bochorno surgió de grabar un disco en una noche. Prendimos la grabadora y así hicimos un disco en una noche. Ese espíritu tiene que ver con ejercitar la escucha y de que no te den todo tan digerido. Eso se dio siempre en la banda y ahora lo hicimos como un proyecto que llamamos Bochorno. Era disfrutar del proceso. Es la idea que uno puede hacer lo que se te ocurra en la música”

Gabriel Plaza

 

:: Canciones y diagonales ::: 

Bienal de Arte 
No tenía expectativa y lo único que me convenció de participar es que no era una competencia de bandas. Entendí bien que era un jurado que tenía personas que me interesaban y que iban a elegir los proyectos que más le gustaran no por la cantidad de me gusta. Eso me convenció para formar parte. Me parece un buen criterio de selección. Es un estímulo a la producción cultural y que sea desde el Estado me parece muy piola. Estuvo muy bueno todo el proceso de ensayo con Carlos Vandera. De repente fue involucrarse a dialogar con otros actores de la industria cultural del que no teníamos tanto conocimiento. Y eso estuvo bueno. Con respecto a las otras bandas, la mayoría los conocíamos y habíamos compartido fechas. Había mucha gente del circuito que venimos y había buena onda. Había una cosa de compañerismo entre todos y un espacio de intercambio. Para nosotros estuvo muy bueno.

Escenas 
Desde donde venimos siempre estuvimos dialogando con otros artistas. Cuando tocamos en los centros culturales eran espacios de muestra de intervenciones de teatro, danza, artes visuales, entonces el año pasado cuando hicimos el video cruzamos todo eso. Teníamos gente de la danza contemporáneas, unas amigas que son del Teatro Argentino de La Plata, todo el tiempo estamos en el circuito cultural. También es una ciudad más chica y todas esas cosas se cruzan. Eso está buenísimo. Por ejemplo, las tapas de los discos, trabajamos con ilustradores de La Plata que habían escuchado a la banda y que le gustaba y así nos fueron haciendo las tapas. Esta última es de Nacho Pello que es ilustrador. En un momento tirábamos visuales que las hacía Lucía Castex. Y Jau Jau, la hizo Daniela Ocampo que tiene una banda que está muy buena llamada Cuco. Entonces venimos de todo ese cruce y pensarse a nivel colectivo.

Generación
Hay una generación de cancionistas que está empapado de un espíritu colectivo y de darle todos juntos para adelante. No sé lo que pasa en otras disciplinas. Lo que si creo que tenemos cuidado con esa idea de artistas, porque te podés perder mucho hablando del artista individualmente y hay que reflexionar de donde sale, de donde viene ese artista y si es un producto atomizado y aislado o es una resultante más de un montón de cosas. Nosotros somos muy amigos de Ivo Ferrer que tiene el ciclo audiovisual Musiquita en la cocina, que tiene su propia banda Los tremendos y que filma y da cuenta de la diversidad de cosas que hay. Siempre nos invitamos entre todos. Existe ese diálogo y tratar de construir redes entre nosotros para crecer conjuntamente. También hay gente que está produciendo música desde otros lados, capaz más periféricos y no puedo hablar de todos, porque este es un recorte de esa generación.  

Circuitos platenses
En La Plata tenemos una política con muchas clausuras pero hasta hace poco íbamos mucho a Casa Milton, donde tocan desde bandas de garaje hasta Diosque que es electrónica. Es como un centro cultural más nocturno. También existía otra que es Casa Animal que son más “antros” que está buenísimo porque pueden pasar muchas cosas y eso me gusta. Son como centros culturales más de noche y con más libertades artísticas y plantea otros códigos. Ahora estoy saliendo a ver bandas electrónicas y no soy habitante de un lugar. Me gusta el afrobeat que tiene que ver más con el trance y hay muchas movidas en relación a eso. Me muevo entre centros culturales y antros. También voy a casas abiertas. Allá hay una que se llama La ferviente que son unas pibas que hacen danza y hacen eventos de varieté una vez por mes. Van músicos y se ponen a tocar con otra gente que no conocen. Y eso es divino. Eso es básicamente los Tototomás. Vamos a un lugar y hacemos música en plan trance, quizás hasta somos insoportables, pero nos gusta entrar en ese viaje con la banda. De ir y tocar.  

Influencias
Yo escuchaba la música de mis viejos, después de mi hermano que escuchaba Nirvana y una escucha caprichosa de la radio. Es una formación con los grupos de referencia. Allá es muy fuerte en La Plata la Radio Universidad, donde había mucha banda indie y muchos periodistas hablando sobre bandas como Los Talking Heads, Brian Eno, música pop japonesa, como Oscar Jalil, que son gente especializada en música y que me colgué muchas veces a escucharlo. Eso para mí fue importante. También la formación de las bandas que iba a ver, mucho rock nacional, era fanático de Los Piojos y Las Pelotas, que fui a ver a Cemento y a Los Redondos a River. Después curtí mucho el palo del punk tipo Dos Minutos y The Strokes, uno barrial y otro garagero. Escuché de todo. Muy noventa, dos mil que estaba MTV. También fui muy influenciado por Boomboom Kid y ese camino que trazaron de la independiencia. Para mí eran regrosos y tocaban en un antro y son grandes referentes para mí. Y cuando terminé la secundaria mucho folklore latinoamericano como Toto La Momposina. En La Plata, también, se hizo un festival como el FIFBA que marcó porque formó un público y fue muy importante para abrir el folklore a otra gente y para la gente que estaba por fuera del folklore. Eso trazó nuevos límites a la escucha y estuvo muy bueno. Y obviamente la influencia de los pares donde me crucé con gente como el Botis, Juanito el Cantor, Ezequiel Borra que tienen otra cabeza. Ahí descubrí otra cosa, otra forma de decir, de cantar y de tocar la guitarra.    

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