"¿Cómo seria vivir en un eterno domingo?"

¿Cómo seria vivir en un eterno domingo?

Pensamientos como éste se me cruzaban previo al viaje. Viviría dos meses en el vecino Uruguay; un “paisito”-como le dicen allí- con 3 millones de habitantes, donde la mitad reside en Montevideo, su capital. Un lugar que en mis recuerdos alojaba toda la nostalgia posible para una ciudad. Con un ritmo tranquilo, sin grandes sinuosidades, pareciera suspenderse en una –casi- perfecta línea recta; no por nada fue nombrada en este ultimo tiempo como la ciudad de Latinoamérica con la mejor calidad de vida.

Acostumbrado -con agrado- a las corridas, a los colectivos, a la gente, mas gente, mucha gente en Buenos Aires, el contraste a los primeros días de mi llegada fue grande. Era –solo- el único artista en residencia, viviendo en un hotel. En todo caso, era algo que no debería importarme, el plan era de trabajo. Una residencia de dos meses acompañada de una exhibición que inauguraba a los diez días de mi llegada, en lo que supo ser la primera cárcel de la ciudad –hoy- convertida en museo de arte contemporáneo.

El EAC (Espacio de Arte Contemporáneo) no camufla -impactando- con su arquitectura original. Una cárcel de modelo panóptico con 4 de sus 5 cuerpos en desuso. El museo aun conserva sus rejas originales, las pinturas en sus techos y el formato de las antiguas celdas para sus salas. Una de estas –entremedio de las muestras- supo ser mi espacio de trabajo. Historias sobre fantasmas, suposiciones, ex presidiarios que van a visitar las que fueron sus celdas, y demás se suman al halo especial del lugar. Un sitio con indudable valor actual y patrimonial.

 

Me resulta por demás difícil resumir dos meses de trabajo y vida en unos pocos caracteres pero voy a intentarlo…

Así, para comenzar a hablar del trabajo, el plan de residencia podría dividirlo en dos etapas. La primera se centro en resolver la exhibición. Como punto de partida realice un gran dibujo mural de 4 por 9 metros en grafito -un negro sobre negro- donde la luz resulto protagonista.

De cara al trabajo lo que se suponía me llevaría no mas de 15 días se convirtió en trabajo de un mes, donde mis obsesiones por el detalle encontraron propicio alojamiento en lo que resulto un trabajo fuera de escala.

Por falta de tiempo previo, la obra, se terminaría frente a la mirada del publico. Un trabajo en proceso que dejo como testigo de los cambios, avances y reformulaciones a los mismos espectadores.

Terminado el dibujo entendí la importancia de la luz como elemento constitutivo de la obra; los artefactos de iluminación tenían el potencial de convertirse en piezas -escultóricas- integrando el espacio. Desenrolle metros de cable sobre el piso y arme trípodes de luz como los que se usan cuando se estudian viejos murales en las capillas o algún tipo de  pintura antigua en una caverna. El transitar del espectador sobre ese espacio de nueve metros proyectaba sombras sobre el dibujo -zonas mas o menos oscuras- . La imagen se descubre al transitar por el espacio, destacando ese carácter de cambio, volátil, difuso y ambiguo de los motivos -nubes, humo, explosiones, erupciones de volcanes-. La sensación que buscaba era la de introducirse en un paisaje de carácter psicológico, transitar un terreno extraño, entre familiar y desconocido.

 

Durante el proceso de la exhibición fueron surgiendo ideas y reflexiones en relación a la dependencia lumínica; su necesidad indiscutible y obvia para visibilizar imágenes. Me interese en forzar estos limites y hacer evidente esta necesidad, así intente producir dibujos imperceptibles. Pensando en la posibilidad del vacío –el hueco- como materia encapsulada, es que realice piezas de una gruesa capa de oleo donde las incisiones funcionaban como un nuevo registro en el plano. Este cambio en la superficie, ese signo visible, se convertía finalmente en dibujo.

--Mientras--

También me prestaron una cámara polaroid. Saque fotos instantáneas que sin entender y preguntarme demasiado el ¿porque?, luego pinte de negro. Fotos con flash del rio por la noche, que no salieron o mejor dicho que solo produjeron un revelado nulo. Otra imagen a primera vista vacía, que quizás contenga en ella la idea de la posibilidad, todo aquello que pudo haber sido. Una foto que aloja suposiciones, tantas como aquellas previas a mi viaje, donde los hechos demostraron que de la idea a la experiencia hay un abismo y la realidad suele ser otra. Montevideo es un lugar que bien podría ser Buenos Aires, pero que felizmente decidió otro rumbo. ¿Sera que me encariño fácil?. Hoy quedaron las puertas abiertas; ideas, obras, desmontajes pendientes, grandes amigos y proyectos en vistas para el regreso.

Matías Ercole
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