UN SALTO CREATIVO

Damián Malvacio nos escribió sobre su residencia en el ImPulsTanz de Vienna (Austria) y nos sentimos viajar en su relato.

Somos como unos peregrinos en  bicicletas fucsias que toman talleres y proyectos de investigación, bailan y ven obras. 

Si algún día venís al Impulztanz y estás perdido lo único que tenés que hacer es seguir una bicicleta fucsia. Así empezó mi beca: estaba perdido buscando el lugar y de repente veo una manada de bicicletas fucsias y las seguí, ¡claro! Así me encontré con el Arsenal; me dieron mi credencial con toda mi grilla de actividades, me entregaron la bicicleta y así me sentí ya parte de todo y de todos. 

El festival consta de cuatro semanas más cuatro talleres intensivos los fines de semanas; y todos los días hay performances. Finalmente es como un supermercado en el que elegís lo que querés hacer y ver y de esta forma vas armando tu propia experiencia. Cada semana tuvo su particularidad: mi primera semana fue sublime, no sólo porque recién llegaba y me encontraba con Viena, sino porque comencé uno de los talleres más interesantes: el de Simone Aughterlony y Jen Rosenblit con los que me conecté al instante; la segunda semana bailé en el Museo de Arte Contemporáneo MUMOK; la tercera semana conocí a Benoît Lachambre, y la cuarta, a Ivo Dimchev. En estas cuatro semanas tomé seminarios de Yoga, Partnering, Release, Sex and Space, Voguing, Dance for Health, Body Reflections or Many States of Being, Feldenkrais, Procesos de la materialización de la ficción y tres proyectos de investigación, entre otras cosas. 

Vi diecisiete performances, algunas muy olvidables, otras digeribles, otras en las que decís “¡quiero estar ahí!”. Otras muy aburridas, otras hechas solo para entretener y otras que querés ver dos veces. Lo mejor que me pasó al ver las obras fue resignificar el arte en Argentina.  Buenos Aires, en muchas ocasiones, supera ampliamente al Impulstanz, que es sin duda uno de los festivales más grandes de danza. Se nota cuando ves la cantidad y variedad de gente: tuve compañeros de todos los países del mundo. Siempre lo mejor de los festivales son los vínculos que uno genera y la intensidad con los que se los vive. Todavía no puedo darme cuenta de todo lo que el Impulstanz está provocando en mí; a veces los momentos más fuertes son invisibles ¡pero sin duda este festival es un salto creativo para mí! Gracias Bienal por darme esta experiencia que me acompañara para siempre.

Abrazo!
Damián Malvacio 

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