Constantino, de Matías Buonfrate

El tercer cumpleaños de Constantino lo celebraron en el local del templo. Colgaron globos y banderines fuera del horario de servicio. Solo asistió una persona ajena a la congregación, Olga. Se refugió en el patio con sus cigarrillos. Aristóbulo la quiso integrar a su congregación. “¿No cree en Dios?”, la interrogó. “Mi esposo creía”, respondió Olga. “Desde que murió, vivo sin dios ni amo”.

La torta tenía cobertura blanca y guindas de color rojo. Leonel grabó a Constantino cuando se disponía a soplar las velitas. Estaba sentado en el regazo de Marina. A través de los parlantes, sonó una versión instrumental del feliz cumpleaños, todos cantaron por encima. Constantino simuló no entender cómo soplar, mientras la vela se consumía sobre la torta. Comenzó otra canción, “Feliz en tu día”, que también fue coreada por los asistentes. Constantino se propuso ver hasta cuándo soportarían cantando. Sin embargo, la aleatoriedad de internet, encadenó una canción más. Era lenta, nadie la identificó hasta que llegaron los primeros versos. Constantino quedó petrificado al escucharlos. Tantas veces me mataron/ tantas veces me morí/ sin embargo estoy aquí/ resucitando. El llanto se arremolinó en sus pulmones y surgió como un vendaval que levantó a las personas de sus asientos para detener la música. Se agolparon contra la computadora, que reprodujo la canción a pesar del cliqueo agresivo al que la sometieron. Tantas veces te mataron/ tantas resucitarás/ cuanto tiempo pasarás/ desesperando. Constantino gritaba tan fuerte que Marina temió que se lastimara la garganta. Olga se acercó y le cubrió los oídos con las manos. Marina también comenzó a lagrimear. Olga sugirió que salieran al patio, donde la canción se escucharía menos. Leonel desconectó los parlantes, entonces Constantino notó que Marina lo arrullaba con el ritmo de aquella canción desagradable.

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