Crónica de bienalista mexicano: Rodolfo Sousa Ortega

Desde que llegué a vivir a Buenos Aires a principios del 2015, mis amigos y conocidos me hablaban de la Ira de Dios como uno de los lugares por los que había que pasar y que había que conocer. Así que cuando gané la residencia me alegró mucho. 

Participé en el programa de residencias no.10, en febrero de este año. Así que llegué de vacaciones del suave invierno mexicano al verano infernal de Buenos Aires. Fue la primera vez que hicieron el programa en su nueva sede, en cheLA, la ex-fábrica de Parque Patricios, que alberga otros proyectos: galerías, talleres de diseño, tecnología y serigrafía. El programa de la Ira inauguraba el área de residencias para artistas. Como vivo en ese barrio, podía ir y venir caminando todos los días. 

En este programa además participaron once artistas, entre ellos Birthe Jorgensen, Scott Roggers, Santiago Poggio y el curador Daniel Brown, que formaron parte del intercambio entre La Ira de Dios y el Edinburgh Sculpture Workshop.  

Durante esas tres semanas trabajé en una instalación. El detonante de mi proyecto, que todavía está en desarrollo, está vinculado con una impresión por contacto en un libro publicado en mi ciudad natal, en la provincia de México publicado en 1927 y que encontré en Buenos Aires en el 2017. Además del encuentro personal, el paso del tiempo y el almacenamiento del libro durante tantos años ha producido un cambio en la materialidad del libro, los hongos se han impregnado en mayor medida en las últimas hojas. La humedad, y la acidez de la tinta de la estampa del retrato del poeta, autor del libro, impreso en un sistema de selección de color produjeron una impresión involuntaria por contacto en las páginas contiguas, como si se tratara del santo sudario de la reproductibilidad técnica. Como el libro encontrado ya tenía suficiente riqueza, no tenía que intervenirlo, sino elaborar una serie de objetos que indicaran el paso del tiempo y los procesos de impresión. 

Una de las características del programa de residencias es que también visitábamos o invitábamos a otros artistas, curadores y gestores, así que teníamos muchas devoluciones sobre nuestros procesos. Además de trabajar en mi proyecto, de alguna forma la mayoría de los residentes colaboramos con los procesos y necesidades técnicas de nuestros compañeros. No sólo por la afinidad conceptual, formal o técnica, sino porque la convivencia esas semanas nos mantenía en conversaciones constantes.  

Después de la residencia, colaboré con los artistas que exponían en Edinburgo y escribí un texto para la publicación de su exposición. También sigo desarrollando proyectos que partieron de las conversaciones con los residentes y los miembros de La Ira. 

Tags

  • Visuales
  • Rodolfo Sousa Ortega
  • bienalistas
  • becas