La balcanización de la literatura argentina

Mbrëmje e mirë

Si jeni?

 

Një

El significante Suárez convoca en el Río de la Plata un conjunto variopinto de significados: héroe pugilístico de principios del siglo pasado, cuya voz interior recreó Julio Cortázar en lo que sería la primera aparición de Suárez en la literatura argentina; banda indie de fin del siglo pasado, cuya cantante, Rosario Bléfari, haría también carrera como dramaturga y poeta, lo que implicaría la segunda incursión de Suárez en nuestras letras. En este siglo y en estos pagos Suárez denota la figura de un delantero letal, de esos que no perdonan y que, nos da por pensar en nuestras lacerantes ucronías futbolísticas, si hubiera nacido de este lado del Plata, nos habría dado la Copa del Mundo en el mundial pasado.

A este Suárez le faltaba, todavía, hacer su entrada en la literatura argentina. A este Suárez le faltaba un Baremboim.

 

Dy

Más modesto, el significante Baremboim va para mí unido al nombre Eric para conformar la figura de un joven poeta performático, de envidiable cabellera enrulada, héroe mítico de los certámenes del Slam de Poesía Oral, al que alguna vez tuve el gusto de invitar a un ciclo de poesía que coorganizaba y en el que leyó un poema en el que su yo lírico invocaba figuras históricas en el vapor de la cocción de unos fideos (poderosa imagen que se me quedó grabada en la memoria). También, si hurgo más allá, Baremboim es el apellido de un artista global, director de orquesta que tiende puentes entre fronteras conflictivas. Algo de ese otro Baremboim también se filtrará en esta novela.

 

Tre

La literatura, como el sueño, opera por condensación y desplazamiento. Esa mujer es mi tía pero también, al mismo tiempo, es mi novia y la vecina del décimo. Estamos en el fondo de mi casa que es un muelle donde pesco con una mojarerra. Suárez en Kosovo es el reverso de Kafka en Piriápolis. Porque Suárez en Barcelona (o en Madrid) nos tranquiliza, Suárez en Paris, no nos mueve un pelo, pero Suárez en Kosovo enciende nuestras alertas, Suárez en Kosovo nos convoca, Suárez en Kosovo es sueño, pesadilla, literatura. Suárez en Kosovo exige una novela que lo explique, hecho el desplazamiento (Suárez sí, pero en Kosovo) hágase la condensación: Suárez, sí, pero otro Suárez y, a la vez, el mismo.

 

Katër

Qué es la literatura es una pregunta que los organizadores de esta feria prohiben hacer a los panelistas a riesgo de provocar la estampida de los asistentes. A título (y riesgo) personal, propongo que es literatura todo lo que expande los límites de la literatura. Es literatura aquello que no ha sido hecho (que no ha sido dicho). La literatura como anexión voraz de todo territorio inexplorado. No voy a hablar acá de la novela que Eric Baremboim escribió en tiempo real en su muro de Facebook y fue publicando, de una frase por vez, a lo largo de quince horas. Solo diré que espero un segundo volumen de setenta y dos horas ininterrumpidas en las que la falta de sueño haga lo suyo con la sintaxis. Con Suárez en Kosovo Eric Baremboim planta la bandera multiforme de la literatura argentina en las tierras vírgenes kosovares. No es solo la primera novela argentina situada en Kosovo (mérito por demás suficiente para leerla) sino un episodio virtuoso de la Literatura Argentina Universal.

 

Pesë

Literatura argentina a secas, diría Borges, para quien, desde “El escritor argentino y la tradición”, se sobreentiende que “nuestro patrimonio es el universo”. Hay una rica tradición de Literatura Argentina Universal; por citar algunos ejemplos, Los viajes de Sarmiento, la causerie “En Venecia”, de Lucio V. Mansilla, la novela china, histórica, imperial La mujer en la muralla, de Alberto Laiseca, o sus Poemas chinos, o Una novela china, de César Aira, o sus novelas centroamericanas (Varamo, El mago, El congreso de literatura). O las novelas argentinas escritas en francés por Copi, o en italiano por J.R. Wilcock o en polaco por Witold Gombrowicz (a propósito, ¿Gombrowicz en Buenos Aires no será otra forma de decir Suárez en Kosovo?).

 

Gjashtë

Si el relato se sostiene en el conflicto, Kosovo es capital mundial de la novela. Pero este es el Kosovo de Suárez: “como Paysandú pero con más cabras”. Y Suárez es nuestro héroe: ortopedista charrúa, viajante de comercio, kinesiólogo prometedor, desconcertado turista, farsante, aventurero. ¿Quién es Suárez en Kosovo? Es esta una novela sobre la identidad escrita en un ilustre dialecto del latín, el castellano, que utiliza palabras distintas para nombrar el ser y el estar y cuya moraleja tal vez sea que a veces es mejor dejar un poco de ser para poder estar y descubrise a uno mismo. Y es también una novela de aventuras, intrigas e inolvidables personajes. Eric Baremboim no descuida la peripecia y la administra con sabiduría mientras nos lleva, en la moto de Junior, el Fiat de Dardana o la combi de Charlie a recorrer Pristina, la capital de Kosovo. Y sí, ya se los adelanto, el Boulevardi Bill Klinton existe, y la estatua del buen Bill, también. Estamos ante una novela balcánica que nos arroja la certeza, para quienes la leamos, de que ya tenemos un buen motivo para ir –para ser y estar– cada uno de nosotros en Kosovo y de que ya no podremos ver Pristina sino a través de los ojos de Suárez.

 

Shtatë

Me gustaría ver Suárez en Kosovo traducida al Albanés (ya aprendimos que el kosovarí no existe). Suárez en Kosovo es una historia que aborda las fuerzas ciegas del destino. No sé si estaremos destinados –como Suárez– a visitar Kosovo, pero espero que estemos destinados –como lectores– a leer esta novela.

Brindemos con rakia por la balcanización de la literatura argentina y parafraseando un viejo probervio kosovar digamos:

 

Një mal kurrë nuk takon një mal tjetër; por një lexues has një roman

 

“Una montaña nunca se encuentra con otra montaña; pero un lector se encuentra con una novela”.

 

Texto que leyó el escritor Ariel Idez en la presentación de Suárez en Kosovo de Eric Barenboim, novela ganadora de la Bienal 2017.

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