La premisa es respirar, atender y disfrutar.

Emanuel Ludueña es otro de los seleccionados para el Laboratorio de Cruce, un espacio de experimentación y búsqueda para desarrollar una performance pensada para la Compañía de 25 bailarines de la UNA.

Como coreógrafo, la propuesta fue vincularlo con Diego Pérez, músico experimental, integrante de Tonolec, que con su proyecto paralelo Nación Ekeko, tiene a la danza como eje de una experiencia colectiva. Diego toca con una pedalera y va modificando la estructura de la música en vivo.

Por eso, durante 10 encuentros la dupla coreógrafo/músico trabajó bajo los ejes de la improvisación y la búsqueda. Los resultados se van a ver el 28 y 29 de noviembre en el Jardín Botánico a las 17 hs. En un encuentro por partida doble, también se verá el trabajo de la dupla formada por la Bienalista Tatiana Heuman y Ana Frenkel.

La Bienal habló con Emanuel para que compartiera cómo fue el proceso de trabajo.

En tu trayectoria como coreógrafo, ¿habías trabajado antes de esta manera creando en conjunto con un músico? ¿qué nuevas capas expresivas descubriste/consolidaste/profundizaste?

Sí, en otras oportunidades había trabajado con música original y siempre desde el comienzo del proyecto. Pero en este caso el desafío, justamente, está primero que nada en conocernos con Diego y a partir de ahí intentar interpretar cuáles son los intereses que tenemos en común para encontrar un lenguaje que nos represente a los dos y al trabajo.

Cómo fue el vínculo de trabajo con Diego Pérez, ¿conocías su trabajo? ¿cómo fue la dinámica en cada ensayo?
Conocía su trabajo por Tonolec, y tuve la oportunidad de conocer ahora su proyecto Nación Ekeko. El vínculo fue fluído desde el comienzo. Trabajamos en su estudio y llegamos a algunos conceptos generales que nos permitieran experimentar tanto en lo coreográfico como en lo musical. Después, por supuesto, los fuimos perdiendo y re definiendo a medida que avanzaba el proceso. Él dijo: "trabajemos a partir de lo que queremos y no de lo que no queremos".

Durante el laboratorio hay muy pocos días de ensayo, y el eje está anclado en la experimentación, ¿cómo se trabaja desde la improvisación y luego en la repetición para montar algo? ¿Cómo se da eso con un proceso tan veloz e intenso?

¡La verdad no tengo idea…!  Yo suelo hacer procesos largos de investigación, en general no menos de un año de trabajo. Además, si bien siempre parto desde la improvisación, me resulta muy difícil no controlar lo que sucede y tiendo a "coreografiar" o montar y dejar una estructura flexible, móvil, pero determinada. En este caso, habiendo tan poco tiempo me pareció mejor plantear escenas o recorridos, tránsitos por los que cada uno de los intérpretes tiene que pasar. Cada uno de ellos, con una particularidad, una manera de hacer, una calidad. Entonces, los chicos, están improvisando de principio a fin pero con montones de anclajes, soportes y, sobre todo, ocupaciones. En general se da bien, quizá angustia un poco justamente tener esta suerte de "libertad condicionada". Podés hacer lo que desées, desde vos y desde lo que ya tenés, pero dentro de un marco, un lineamiento expresivo particular. La premisa es respirar, atender y disfrutar

Participaste en varias ocasiones en Ciudanza y en performances en espacios no convencionales, ¿qué trabajo específico pide la danza en estos espacios?
No perder de vista el contexto. Lo difícil por momentos es liberarse de la responsabilidad de hacer algo "entretenido" porque uno entiende que es lo que se espera en estos casos. Pero finalmente si uno lo piensa mejor, esta es también una oportunidad de mostrar que hay muy diferentes maneras de ver la danza y el arte en general. Entonces el trabajo específico es encontrar el modo de llevar a estos espacios lo que se viene investigando y sobre lo que se está trabajando, , sin dejar de tener en cuenta el contexto, y sobre todo sin perderse uno. 

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