Cuestionarse y hacer, en partes iguales - Entrevista a la ganadora de la residencia Casa Tomada, San Pablo.

Celeste Rojas, es una de las ganadoras de las becas en Artes Visuales otorgadas por Bienal este año por su obra Una sombra oscilante. La artista, mitad chilena y mitad argentina invita a los artistas a conectarse con la realidad y a no dejar de hacer nunca

 

-Contanos un poco sobre tu formación.

Estudié fotografía desde muy pequeña, y cuando más grande hice dos años de artes visuales y luego la carrera de Fotografía. En Uruguay me formé en dirección de fotografía en cine y de manera informal durante todos estos años realicé talleres y cursos con artistas y cineastas. Actualmente estoy terminando el programa de cine en la Torcuato Di Tella.

 

-Contanos lo que tengas ganas de la obra que presentaste en Bienal y por la cual ganaste la beca en Casa Tomada, San Pablo.

La obra surge de un interés por escarbar en un archivo personal: las fotos que produjo mi viejo durante su militancia en Chile y su exilio en Ecuador. Esos negativos siempre estuvieron conmigo de una forma u otra, pero yo no pude abarcarlos, recién hasta el año pasado. La aproximación a trabajar con el archivo fue muy intuitiva, muy atravesada por lo político y lo afectivo a la vez. La distancia de él y de Chile me servía para trabajar y para encontrar espacio tanto a mis preguntas como hija y parte de una historia, como también para las preguntas más formales, estéticas y conceptuales que quería establecer. Construí un trabajo que tiene muchas partes y algunas de ellas aún están en proceso. Lo que exhibí en la Bienal es una acotación de la experiencia de una muestra, donde trabajo sobre soportes y tecnologías obsoletas que él usaba en los 80 con fines militantes, y hoy pongo a circular y funcionar en otro registro. Se trata de dos proyectores de diapositivas sincronizados y un libro. En estos objetos y proyecciones la idea es referir tanto poética como políticamente a la cuestión de la memoria, la ausencia y la oscilación entre la patria y el exilio, como también entre un proyecto revolucionario y la dictadura.  

 

-Cuál fue el criterio que empleaste para elegir presentar esa obra a la Convocatoria de Bienal.

Era la obra sobre la cual estuve más fuertemente trabajando todo el año pasado y, por el hecho de que atraviesa algo de mi biografía personal a la vez que lo político de la región del ConoSur, sentí que exhibirla durante el 2017, en Buenos Aires, era un deseo para mí: soy mitad argentina y mitad chilena, y lo soy también por los exilios de mis padres en relación a las dictaduras de estos países. Todo esto, siento, pretende interpelar también al presente que vivimos hoy en estos países. 

 

-Qué esperás de la beca que ganaste.

Para mi las residencias han sido siempre un espacio para poder conectar con un momento de producción intensa y de relación con algún problema que me atraiga del lugar al que asisto. Abstraerte del sitio y de la práctica diaria en el lugar donde vives, y obligarte a salir de ella para producir obra, es sumamente atrayente para mi. Sao Paulo es una megalópolis muy potente, con profundas contradicciones. Siento que el someterme a pensar sobre ella, en algún punto, es un gran desafío, y sinceramente aún no sé qué va a surgir de todo eso. Según entiendo la residencia se realizará durante los meses en que también está la Bienal de Sao Paulo, y yo nunca pude ir, así que esa parte me atrae muchísimo también. 

 

- Qué le dirías a los artistas que recién empiezan su recorrido en el mundo del arte?

Uf, qué dificil pregunta. Pienso que tenemos que cuestionarnos, desde el comienzo y todo el tiempo: por qué queremos crear, dónde y con quiénes, en qué contextos y con qué fines. Para mi, la cuestión de situarnos en el presente y sus problemáticas es una clave. Y luego, hacer, y partir desde algo pequeño, no esperar paralizados a la espera de un gran proyecto o una gran idea. 

 

-Quiénes o qué sentís que te influencian o influenciaron en tu trabajo actual?

Suelo estar influenciada mucho por mis amigos y mi familia, que por lo general no pertenecen al universo del arte, propiamente tal. A veces todo mi interés por construir un nuevo cuerpo de obra se da por una charla y una anécdota en la que me entero de algo, y me dan unas ganas enormes, desde ahí, de investigar más. Para llenarme de ideas no suelo recurrir a teóricos u otros artistas; a veces eso viene después, cuando entro en un proceso de investigación más grande. Y contemplando esto último, me pasa por lo general que quiero rodearme, en ese proceso, de otrxs y otras disciplinas: hoy por hoy estoy trabajando en una obra en el desierto de Atacama, que surgió luego de una charla casual en un bondi, con mi hermano: él me contó algo justo después de que yo regresara de una residencia develadora para mi, en ese mismo desierto en el 2015. De ahí, invité a mi otro hermano —escritor— a que escribiera a partir de unas fotos que yo había tomado y de algunos conceptos sobre los que quería trabajar; luego de eso convoqué a un amigo historiador y a otro geólogo, y así; ellos me influencian y todo está también muy atravesado por los afectos. Creo que respondiendo a la última pregunta (sobre cuán influenciada de la realidad está mi obra), algunas preocupaciones que rodean a mis trabajos últimamente,  son las consecuencias o las huellas de la historia reciente de nuestros países, cómo eso podemos verlo en el paisaje, en nuestras prácticas, en nuestra relación con la memoria, con las imágenes. 

 

 

¡Gracias Celeste!

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