Testimonio de Emiliano Dionisi, dramaturgo

Emiliano Dionisi es dramaturgo de uno de los diez proyectos de Teatro Musical seleccionados, que accedió a un programa intensivo a cargo de Pablo Gorlero, Joaquín Bonet y Martín Bianchedi. Le pedimos que nos cuente sobre sus experiencias durante esas semanas de trabajo y evolución, y nos regaló estas palabras.

 

“El trabajo de creación puede ser un camino muy solitario: aunque uno quiera articular su trabajo de manera grupal, o con un sistema de colaboraciones, es irremediablemente un camino personal donde se encuentra la hoja en blanco y vos. Un primer esbozo de obra sale casi sin pensar, agitando un poco la cabeza las ideas caen por sí solas y uno pude percibir que algo se está gestando. Pero cuando el material empieza a pedir aprender a caminar es cuando uno se encuentra en problemas. La obra es como un hijo (más en nuestro proyecto que habla de los hijos), ¿y a quién no le cuesta ver los defectos de su criatura? Por eso la intervención de los colegas del taller que propone la Bienal se convierte en una herramienta, en mi caso, reveladora. La mirada ajena que cuenta con el beneficio de la distancia, de dramaturgos comprometidos y a la vez en la misma búsqueda que uno, resulta de gran ayuda en un proceso que se vuelve tan intenso como disfrutable. Debo admitir que al principio dudé (“¿Van a juzgar a mi hijo adorado? ¿Y delante mío? ¡Qué pesadilla!”), pero la claridad sobre el mecanismo de devoluciones que el docente Joaquín Bonet articula hace que los progresos estén a la vista. Los materiales mutan, se enriquecen, avanzan con asombrosa madurez. Ninguno de los participantes tiene entre manos el mismo material con el cual entró, y creo yo que estamos todos muy orgullosos de esto. 

El conocimiento sobre el campo teatral que estamos abordando es fundamental y en esta experiencia las clases con Pablo Gorlero son más nutritivas de lo que uno pueda imaginar a priori. Lo heterogéneo del material presentado y la profundidad del análisis de cada pieza hacen que uno se nutra tanto desde lo intelectual como desde lo sensitivo. Por otra parte es muy valioso el aporte de Martín Bianchedi sobre las composiciones, como un cirujano sabe desmenuzar el material para estructurarlo, potenciarlo, o refinarlo.

Un aspecto, sorpresivo para mí, que me gustaría destacar, es el encuentro con una generación, no por nada es una Bienal de arte “Joven” (por más que podamos discutir la juventud, casi por pudor). Todos los participantes tenemos búsquedas distintas, estéticas distintas, conocimientos distintos, pero el “pertenecer” a una generación, aunque sea por algo tan caprichoso como el calendario, hace que uno se sienta en una sintonía implícita, entre pares. Por lo menos en mi caso nunca me había sucedido y celebro que así sea. El programa Intensivo de Teatro Musical para Dramaturgos y Compositores de la Bienal Arte Joven Buenos Aires es una experiencia tan enriquecedora como disfrutable. Gracias y a seguir trabajando.”

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