Un bienalista en la residencia de Avignon

En abril, la Bienal Arte Joven abrió una convocatoria en conjunto con el Festival de Avignon y ProHelvetia en donde participaron directores escénicos y coreógrafos, para participar de un Seminario junto a 12 jóvenes de artes escénicas de diferentes partes del mundo. 

Los seleccionados fueron Amparo González Solá y Ariel Gurevich
La Bienal les pidió a ambos que contaran su experiencia en una crónica del viaje que realizaron a Francia en julio de 2015. 
Aquí compartimos la reseña dle viaje de Ariel.

"Avignon es una ciudad que durante un mes está tomada por un evento: su festival de teatro. Hay teatro en las calles, teatro en antiguos claustros, teatro en salas. Panfletos, afiches por todos lados. Los espectáculos que el festival programa, uno de los más emblemáticos de Europa, más todo circuito OFF, que son compañías independientes que alquilan sus propias salas y muchas veces van a pérdida. El público es de lo más variado: turistas, escolares, familias, profesionales de la escena, gente en bermuda tomando helado.

Con Amparo tuvimos la oportunidad de formar parte de “Le séminaire”, un espacio de encuentro de 12 directores y coreógrafos. Duró ocho días con un cronograma que empezaba a las 10:30 de la mañana y terminaba pasada la medianoche. Vimos catorce espectáculos, tuvimos 10 encuentros de discusión crítica, una charla con Olivier Py, el director del festival. Brindis, cenas buffets, cenas en terrazas. Visitas a museos y exposiciones. Vimos obras que no entendimos. Hablamos en francés. Preparamos clases. Tuvimos compañeros italianos, suizos, alemanes, rusos, checos, franceses, australianos. Nos juntábamos todas las mañanas en el Conservatorio de Arte Dramático. Uno de los objetivos del seminario es conocer los “enjuegos” –como  dicen los franceses– del festival, entender qué significa, conocerlo de adentro, con la expectativa futura de alguna vez formar parte.  

Amparo fue una compañera de lujo y una amiga. Nos conocimos en Ezeiza. Llegamos a Barcelona y al día siguiente salimos en tren a Avignon, y caminamos todo el día. Terminé con un desgarro de abductor. A la mañana le mandé un whatsapp porque no había podido dormir ni me podía mover. Amparo me fue a comprar diclofenac en gel y hielo.  Me hizo respirar, me enseñó ejercicios posturales. Los dos estuvimos felices y agradecidos de estar en el Festival. Es algo que no vamos a olvidar, nos fuimos contentos, emocionados, privilegiados de vivir algo así. Felices, sin dormir, sacudidos, llenos de preguntas: qué hacer, para dónde seguir, por qué insistir". 

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