“Buscamos ser más genuinos”

                                                                                             TXT: Gabriel Plaza

Un bar impersonal justo donde Palermo empieza a desvanecerse y empieza a transformarse en Belgrano. Guillermina Pico no es de este barrio. Tampoco es de esta ciudad. Es pampeana. Por eso se siente como una extranjera curiosa, tratando de encontrar su lugar en el mundo. Cuando salió de su provincia tenía una sensación parecida. Era adolescente. Muy buena alumna. Venía de una familia de escribanos. Ella no quería seguir los mandatos familiares. Solo quería viajar y estudiar en otro lugar. Ni siquiera sabía si le gustaba el cine. “Viste como es la adolescencia. Uno no sabe. Tiene como esas intuiciones y las sigue. Yo siempre había escrito, leía mucho y empecé a estudiar fotos pero no era recinéfila. Era una búsqueda más descontracturada”, cuenta la joven directora, reciente ganadora de la Bienal de Arte Joven, como si fuera el relato en off de sus propios cortometrajes.
Tenía 18 años cuando se fue a estudiar cine a Córdoba. “Todo el mundo se va de su lugar cuando puede sino está la carrera que querés estudiar. Te destetas rápido y es raro. No es como acá que los chicos pueden probar y volver a las casas de los viejos. Yo me fui, sin pensarlo mucho”. Guillermina maduró de golpe. La pasó mal. Extrañó. Empezó a estudiar filosofía. Hizo nuevos amigos en el cine y filmó su primer corto “Yo, Natalia”, que ganó el premio del público en el Bafici de 2009 y el premio de Cyevic al mejor cortometraje. Enseguida se fue a estudiar una maestría en video digital a Barcelona, donde vivió dos años. Al regreso al país entro a trabajar en la señal Televevisión Digital Abierta (TDA).  Es un editado de su vida que se refleja en sus cortos. “Pasaron un montón de cosas”, resopla. Ahora tiene 30 años. Parece más segura de lo que quiere, por lo menos en el cine. Así lo demuestran sus trabajos Yo, Natalia (2009), La piel dura (2010), Un montón de pins (2011) y El pasito de onda (2012), donde Guillermina Pico reveló una voz personal como directora, guionista, y actriz.
“Pienso más en cortos. Me resulta más fácil. Hasta ahora nunca pensé en un largometraje. Igual para mí el cine no tiene que ver con un género o la duración. Pero la gente no piensa así. Muchos hacen un corto para después hacer su largo. Lo que pasa que en el medio no existís sino haces un largometraje porque la gente no habla de un corto. Yo igual he sentido cierto reconocimiento. Pero al corto no se lo toma en serio. Quizás tenga que hacer un largo y ya. No sé, sólo tengo ideas y ganas de filmar suelto y ver que pasa”, confiesa la realizadora.
Hay mucho de diario íntimo en su obra. Como una performance de su propia vida retratado en esas historias fragmentadas que explota de su rutina cotidiana.“Te puedo decir lo que te dicen todos: las nuevas tecnologías, las redes sociales, lalalala…pero también esto tiene que ver con un relato que te identifique. Si te fijas, lo autorreferencial en el arte contemporáneo viene desde los ochenta. Hay un montón de artistas en el video arte que filman su vida. Yo no sé si uno está influido por ellos, pero es como dejar de apuntar la cámara hacia fuera y la apuntas hacia uno. Es un poco la habilitación de la época”, concede con ese aire despreocupado, los auriculares rodeándole el cuello y ese mismo gesto desenfadado de sus videos covers, donde se filma cantando canciones pop de Justin Timberlake, Carly Rae, Icona Pop, Natalie Imbruglia, haciendo coreografías en la calle, galerías o paisajes naturales del sur.
Con su último proyecto en proceso Borra todo lo que dije del amor porque no sabía quien era, (ganador del premio Bienal Arte Joven, una residencia en Talent Campus de Buenos Aires), la cineasta incorpora retazos autobiográficos de documentos fílmicos, anotaciones, pensamientos y viajes a La Pampa para reencontrarse con una identidad exótica y una belleza tan rara como salvaje. “Este trabajo habla de una primera persona más sutil en su afirmación, no desde ese yo cansador que satura. Es parte de todo un proceso largo. Todos esos años desde Barcelona me grabé mucho y empecé a reconocer que lo de uno puede ser exótico. Eso me di cuenta estando afuera porque cuando decía que era de La Pampa era como hablar de Transilvania. Para mí el campo no era raro ni exótico. Pero cuando estas en contacto con otros sentís el potencial de eso que es tan tuyo. Redescubrí cosas pero no se qué. Es lo que aparece en la peli, como una cosa muy salvaje y pinchuda. Como una pampa que no es verde. Como mucho cardo, mucha espina. Una belleza que duele”
A La Pampa la siente más cercana. A Buenos Aires todavía la siente extraña. Dice que le debe a la ciudad su vida en comunidad con sus hermanos Milagros, diseñadora gráfica y Julián, músico e integrante de la banda Las Sombras.  También le debe su novio y su acercamiento a la actuación que no estaba en sus planes. Una vez, sentada en un bar, por esas cosas del destino o de las películas, conoció a China Zorrilla. Ella le dijo que con ese rostro tenía que ser actriz. La mandó con Agustín Alezzo. Después Guillermina encontró su vocación actoral con Nora Moseinco, una formadora de jóvenes. “Desde el 2012 que voy ahí. Ahora estoy tratando de hacer las dos partes. Filmar y actuar. Está buena la mezcla”.
Mientras encuentra su lugar dentro de una escena que empieza de a poco a hablar de ella, Guillermina filma sus ideas sin parar, sin métodos, sin dogmas, con libertad. “El pasito de onda hablaba de mí cuando trabajaba en unas oficinas que te oprimían. Era sacar esa magia que uno tiene adentro y que  tratas de mantener viva mientras sobrevivís en el trabajo. Entonces pensé en esta chica que zafa de la vida escuchando música y bailando en su mundo de fantasía. Yo soy una fanática de las playlists y el personaje bailaba con esas listas”
Cuando Guillermina no está filmando y disfrutando –a veces sufriendo– está escuchando música, zafando y sobreviviendo. Su vida es mucho mejor cuando esta sonorizada por un buen playlist que le manda un amigo desde Mar del Plata. Es una manera de ver la ciudad con sus ojos de videotape, pero eligiendo su propia banda de sonido. Filma todo lo que puede con una cámara digital (como quien busca eternizar el momento o explicarlo), escribe futuros guiones para una serie de televisión junto a Jano Seitún (Mi peor), y mientras va descubriendo cual es la voz de su generación.
“Lo bueno de la Bienal Arte Joven es que te da más conciencia de generación porque sino no la tenés tanto. Siempre es uno y los amigos intentando contar algo. No se cuál es el mensaje de nuestra generación. Creo que hay como una actitud diferente al hacer. Más hacer que pensar “hacerlo mejor”. Buscar la verdad. Uno lo dice, pero también pienso mucho, me retrabo, pero es con lo que trato de luchar. Creo que mi generación si está como más genuina. Hay muchas formas. No hay algo imperante. Cada cual está buscando. Es la época. Lo que sea que te guste, te divierte, te emocione o te entretenga a vos, eso es lo que hay que tratar de hacer. No convertirse en un modelo. Porque no lo hay tampoco. El desafío es hacerse cargo de uno mismo y ver como lo muestra. Pero no sé si eso es la generación o qué”.

MI MUNDO PERSONAL

Mi generación.
En la Bienal me hubiera gustado charlar más con los otros artistas o tener un espacio para compartir. Yo soy medio autista y está bueno compartir con otros. Quizás lo tengamos que generar los propios artistas en la próxima bienal o que se hagan encuentros solos para que nos conozcamos. Lo que me gustó fue la fiesta de clausura, donde los chicos de escénicas rescataron que pertenecíamos a una generación. Porque sino uno no se da cuenta. No me junto con tanta gente. Tengo mis amigos actores, los que hacen cine, mis amigos de La Pampa y ahí tengo mi recorte. Pero con la Bienal te das cuenta que hay mucha gente que está haciendo cosas, igual que vos.

Mis barrios. “Ahora vivo con mi novio en Villa del Parque y estoy en esa fase “de esto se trata la vida”.  De a poco voy descubriendo la ciudad. Mis años en Buenos Aires fueron más de supervivencia. No es que tengo mi top ten. Pero me gusta San Telmo. Por allí andaba bastante porque tenía una amiga y además es un barrio bastante vivo.

Mí música. Escucho de todo. Tengo unas playlist increíbles. Me gusta mucho Sharon Van Etten, una chica de Nueva York, que fui a ver a Niceto cuando vino y estuvo re bueno el show. También hago muchos video covers con los top cincuenta del año. También me encanta Shostakovich. Cuando estoy un poco loca voy y lo pongo porque me simplifica la vida. Es tan catastrófico todo y hay tanta tragedia en su música y la gente se muere de hambre y hay guerras y  nieve que lo de uno termina siendo una estupidez. Y te das cuenta de que todo no es para tanto. Entonces pensás: “Tengo que hacer esta nota, después ir a trabajar y después me tomo un colectivo”. Es como que te simplifica la vida. La música calma a las fieras.

Mis directores. “Me gustan mucho los diarios. Vi mucho Mekas, Perloff, Akerman y Gunvor Nelson una sueca buenísima. De ella ví una película donde tiene una cámara y la arrastra por las superficies del jardín. Eso después me inspiró para hacer lo mismo. Me gusta el cine variado y experimental. No soy muy dogmática. No sé si eso es bueno o malo. Soy bastante abierta.

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