LA ÉPOCA Y SUS FÓSILES – Campus Literatura Día 3

Crónica de Lara Segade, coordinadora del Programa Intensivo de Literatura del Campus Bienal.

 

Ni bien entramos al cementerio de Recoleta –un cementerio “paquete”, “de próceres”, en el que las historias “son pocas y están fosilizadas”– Mariana Enríquez dice que el escritor tiene que escribir sobre lo que le gusta mucho, sobre lo que lo obsesiona, que no necesariamente coincide con lo que conoce más.  

 

Para ella, eso son los cementerios, lo quieto, lo muerto. Una toma de distancia conciente de los temas preferidos en general por la crónica, más bien ligados a lo vivo y sus manifestaciones. En Alguien camina sobre tu tumba, su libro de viajes a cementerios, Mariana cuenta cómo y dónde nació o al menos se reveló esa obsesión, esa posibilidad de escritura. Fue en Génova, a sus veintipico, y tuvo la forma de un enamoramiento.

 

Desde entonces, Mariana visitó muchísimos cementerios de todo el mundo, escribió, juntó recuerdos, materiales. Pero ahí quedaba, como un capricho, un rasgo de una personalidad algo morbosa. ¿A quién más le puede interesar?, se preguntaba Mariana en aquel momento, y se lo vuelve a preguntar ahora, junto a la estatua de una mujer sentada que cuida, entre otras, la tumba de Roque Sáenz Peña.

 

Porque para publicar un libro, para poner en movimiento a toda la industria editorial, dice Mariana, a ella no le alcanza con el capricho (aunque el capricho, claro, está). Enseguida se corrige: un libro de no ficción. Y agrega: la ficción siempre es un capricho.

 

Hasta que en 2011 descubrió que “sus mambitos” estaban insertos en una historia y encontró un sentido para sus crónicas. Fue en un cementerio chiquito de Moreno, durante el entierro de los restos de la madre de su amiga Marta Dillon, encontrados en una fosa común por el equipo de antropología forense. Marta Angélica, la madre de Marta, estaba desaparecida desde 1976. Entonces, Mariana se sintió parte de una generación: aquella cuyo trauma no es el cadáver sino el cadáver que falta, a la que por eso mismo las tumbas no le provocan terror, sino lo contrario.

 

 

Más tarde, en la clínica que parte del grupo tuvo con Alejandro Crotto y Pedro Mairal, se habló de algunas influencias muy marcadas en algunos escritores jóvenes, como la de Mariano Blatt. Pero surgió la pregunta: ¿cuánto hay en eso de generacional?

 

También se habló de que escribir es negociar todo el tiempo entre la tradición y la propia voz, y de que muchas veces, como resultado de esa negociación, se incorporan palabras que suenan literarias pero que, en realidad, están más bien fosilizadas.

 

Pedro Mairal dijo: confíen en el lenguaje de su propia época, hay mucha fuerza ahí.

 

 

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